Entrevista

Una egresada de la FFyH en un organismo internacional

Karina Alejandra Mallamaci, de 33 años, es egresada de la Escuela de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Humanidades y, desde el año 2000, se desempeña como Profesional de Programas y Proyectos en la Oficina Regional Buenos Aires de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), un organismo intergubernamental que coopera en los campos de la educación, la ciencia y la cultura. Aquí cuenta los desafíos y los beneficios que implica esa experiencia singular. Y qué le aportó su paso por la FFyH para desempeñarse en una institución que tiene impacto mundial.



Trabajar en un organismo internacional que se ocupa de asuntos tan vitales para los Estados como la educación, la cultura y la ciencia, y en el que conviven realidades tan disímiles como las que caracterizan a Iberoamérica, implica un desafío laboral que demanda formación teórica, apertura y tolerancia ideológica.

Karina Alejandra Mallamaci, de 33 años, es egresada de la Escuela de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Humanidades y, desde el año 2000, se desempeña como Profesional de Programas y Proyectos en la Oficina Regional Buenos Aires de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). Un organismo internacional de carácter intergubernamental de cooperación en los campos de la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura en el contexto del desarrollo integral, la democracia y la integración regional. Antes de ingresar a ese organismo, fue ayudante alumna en la cátedra “Sociología general y sociología de la educación” de la Escuela, trabajó en el Centro de Estudios Avanzados de la UNC y realizó la maestría en Ciencias Sociales con orientación en educación de la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales).

Desde la experiencia realizada en ese organismo, que ella define como “muy enriquecedora”, rescata cuáles son los aportes y valores que adquirió en su paso por la Escuela y que hoy le permiten abordar temas y enfoques muy heterogéneos y aportar “un granito de arena” para el mejoramiento de los sistemas educativos. En ese sentido, Karina reivindica a una de sus grandes maestras, María Saleme de Burnichon, como así también la tradición de “verdadero trabajo en equipo, que es un sello de la Facultad”.

- ¿Te imaginabas, al inicio de tu carrera, la posibilidad de desempeñarte en un ámbito tan particular como es un organismo internacional?

La verdad, no. Pero sí tenía claridad en que iba a trabajar como técnica en algún sector del gobierno educativo. Me imaginaba en un ministerio o agencia de diseño de políticas. Tomando las distinciones que se hacen en mi campo profesional, me interesó siempre más lo vinculado a la administración y a la política educativa.

- ¿Por qué elegiste esta especialidad o área dentro de tu campo laboral?

El plan de nuestra carrera distinguía áreas y a mí siempre me interesó más la sociopolítica. Me interesan más los procesos macrosociales que inciden en la educación que las problemáticas vinculadas con las instituciones educativas o el aula.

- ¿Cuáles son las ventajas y desventajas, si las hubiera, de trabajar en un organismo de este tipo en el que se cruzan temas y asuntos de tanto peso?

Trabajar en éste ámbito es sumamente enriquecedor. Lo que más disfruto es la posibilidad de intercambiar permanentemente con colegas de otros países; que a su vez pertenecen a distintos niveles de gestión. Te permite conocer distintas culturas, realidades socioeducativas y –por sobre todo- distintas idiosincracias para enfocar, definir y resolver los problemas educativos. Por otra parte, el trabajo es muy dinámico en cuanto a los temas que abordo, como a las actividades que realizo. Siempre estás aprendiendo y profundizando en nuevas áreas y realidades.

- Pensando en aquellos estudiantes que pueden interesarse en esta área, ¿qué nivel de exigencia profesional tiene el trabajo o qué competencias demanda?

Como en cualquier campo laboral, son varias las competencias que se ponen en juego. Por supuesto, es preciso tener una solvencia teórica: conocimiento de los temas puntuales, como de los enfoques desde los cuales se los puede abordar. Esto es simple de imaginar. En general, se trata de intercambios internacionales (desde instancias de formación a elaboración de proyectos conjuntos, presentación de experiencias, etcétera) con personas de distintos países y tradiciones teóricas. Tenés que entender de qué se habla y desde dónde se lo hace, tanto para participar como para responder preguntas o coordinar alguna charla. A veces, es preciso buscar el consenso, mostrar los puntos de unión. Por eso, otra competencia importante es la habilidad de mediar; habilidad para el diálogo y la expresión y convicciones sobre lo que es necesario hacer.

Por otra parte, no sirve de mucho una gran cantidad de conocimientos teóricos, si no más bien una cierta practicidad para convertirlos en acciones, materiales, proyectos, etcétera. “Competencia práctica” para desarrollar las distintas tareas que se van presentando... manejar a un grupo, diseñar un seminario, realizar un informe, responder dudas puntuales sobre los temas cuando son instancias de formación.

En síntesis, se pone en juego mucho de la experticia de los/as pedagogos/as (aunque no es excluyente de nuestro campo): contener, orientar y encauzar.

- ¿Cuál ha sido el aporte que te dio la Escuela de Ciencias de la Educación para abordar estos desafíos tan cambiantes?

La carrera en la UNC es muy sólida, esto lo digo desde la comparación con licenciados en ciencias de la educación que he conocido de los más variados lugares. A mí me aportó no sólo en apertura teórica, sino también en lo que hace al respeto y tolerancia ideológica. Bien se sabe, la cátedra libre lleva a una verdadera y sana convivencia de docentes con muy dispares orientaciones teóricas e ideológicas. Esto es central, es el principal aporte de las universidades nacionales. De mi carrera también me fue muy útil la formación metodológica, que he aplicado no sólo para investigación sino también para realización de estudios, informes, etcétera.

Y pensando transversalmente, en mi carrera, y creo que esto es herencia de nuestras grandes maestras, entre las que se encuentra María Saleme de Burnichon, aprendí la forma bien clara de entender y encarnar la provisionalidad y parcialidad del conocimiento científico (con este estilo siempre condicional de presentar y comprender las cosas... “yo creo”; “desde este enfoque”, “podría decirse...”) Es decir, ninguna idea puede estar totalmente acabada, ni ser la respuesta absoluta. En la Escuela se piensa, se vive y actúa. No en muchos lugares se da así. Y también, el aprendizaje, la cordialidad y el disfrute del trabajo en equipo. Verdadero trabajo de equipo. En ninguna otra instancia de formación lo he vivido tan fuertemente. Creo que es un sello de la Facultad de Filosofía de la UNC.

- ¿Cómo impactan en tu trabajo ciertos prejuicios que existen en torno a los organismos de este tipo?

Creo que en la Universidad hay una tendencia a tratar a los organismos internacionales como un bloque, como una especie de paquete de propuestas abominables de las que siempre hay que desconfiar. Y creo que la cuestión no es tan monolítica. En principio, no es lo mismo un organismo de financiamiento, como los bancos, que los organismos de cooperación técnica. A su vez, en estos últimos, los enfoques son bien distintos. Al interior de todos ellos las posiciones y políticas si bien encuentran unas tendencias, que permiten distinguirlos entre sí, no son de una sola pieza. Podemos aplicarle el mismo formato que para analizar a los Estados, compuestos por distintas posiciones en pugna, con tradiciones sedimentadas, nuevas ideas, con lo instituido liderando los procesos, con movimientos instituyentes disputándose un lugar.

- ¿Y qué tiene la OEI de particular, en términos ideológicos?

Creo que lo que distingue a la OEI es la apertura para abordar y entender la diversidad de la realidad iberoamericana, el respeto y rescate de esta diferencia y el enfoque horizontal en la forma de hacer cooperación. Esto quiere decir, prepondera una forma en la que lo principal es tener en cuenta las realidades, necesidades y demandas de los países y su participación activa en la definición de los ejes estratégicos y la elaboración de las actividades.

- ¿Qué creés que aporta la OEI a un país como la Argentina, caracterizada por la desocupación, la deserción escolar y la pobreza?

La colaboración que puede realizar la OEI o cualquier organismo internacional es específica, tiene un sentido en sí misma. Sería muy difícil que lo pudieran hacer los países por separado. Lo principal es que ponen en agenda todo el tiempo aquellos temas que todos sabemos se debieron haber resuelto el siglo pasado: la pobreza, la crisis de la educación, la deserción, etcétera. Esto no es poco, aunque a veces se realicen duras críticas. Si estos problemas no se resuelven no es por “culpa” de los organismos internacionales ni exclusivamente porque los gobiernos no adopten las decisiones políticas necesarias. ¿Qué ministro de educación no querría que se reduzca la deserción escolar durante su gestión? ¿Qué organismo internacional no lo ayudaría? La mayoría de las veces, no encuentran las maneras para conducir estos procesos para que esto ocurra. Son procesos muy complejos, multicausales. Depende de muchas cosas, internas y externas; de estructuras y coyunturas.

Por otro lado, a pesar de la diversidad de contextos, realidades y estados de situación de los países que la componen; hay muchos problemas comunes y muchas experiencias ya realizadas, aprendizajes y desafíos. La OEI brinda espacios para que estos problemas se discutan en común, se aprenda de las estrategias del otro, se comparen dispositivos, se intercambien técnicos o especialistas.

Estos tipos de intercambios son apreciables y fructíferos. He participado en la OEI en distintas actividades que me llevan a pensar que de las formas de aprendizaje, el intercambio internacional, es muy potente a la hora de lograr la apropiación de temas, estrategias, técnicas y lograr un impacto en el trabajo de los que participan de ellos. A mi modo de ver, establece varias “rupturas de sentido”.

Para empezar, se encuentra gente muy distinta entre sí, que aunque hablen el mismo idioma (español o portugués) lo usan de una manera muy diferente; que ven la realidad desde  prismas completa, mediana o sutilmente distintos, pero en todo caso, cada uno la muestra de distintas formas; realidades muy parecidas, pero leídas en diferentes claves. Así, es bastante fácil “ver” la propia acción, llena de rutinas y supuestos, desde una óptica completamente nueva. Y esto desde el momento en que, por ejemplo, se presenta a los demás qué hace uno, los supuestos tienen que dejar de serlo, porque el intercambio te exige aclararlos. Y haber escuchado lo que hacen “adecuadamente” los demás te topa contra lo que estás haciendo, por ejemplo, un programa del ministerio, que creías tan acabado. Es una forma muy significativa de apropiación de nuevas estrategias y de impacto en la forma de ver los problemas y de tratarlos, sin dudas.

- ¿Qué margen de influencia o decisión tenés a la hora de fijar prioridades o diseñar estrategias en materia de educación para la región?

- Bueno, la pregunta me queda muy grande a mí. El lugar que ocupo no es de importancia en este tipo de definiciones. Tampoco creo que este tipo de impacto se dé a partir de un individuo en particular (por más que tenga un alto cargo directivo), sino en el “conjunto” de aportes para elaborar cada propuesta de trabajo. En este conjunto hay muchas instancias que colaboran para darle forma: la demanda de los ministros o funcionarios, los especialistas que ayudan a definir el formato, el personal de la OEI, y finalmente cuando se pone en práctica, la participación de los allí presentes, que moldean y enriquecen la propuesta. En este sentido, y en una escala muy pequeña, he sentido que mi participación ha sido un granito de arena más en las actividades en las que he estado (generalmente, reuniones de técnicos de ministerios, de distintas áreas o niveles, también con docentes). Por ejemplo, haciendo rever sus ideas a alguien con algo que he dicho, aportando materiales, autores, conocimiento de experiencias de otros países que puede servir al trabajo de alguno en especial... lo más importante que considero he hecho en el sentido que vos decís fue participar en la elaboración del plan iberoamericano de cooperación para el nivel inicial, que actualmente está en ejecución. Allí estaban las/os directores del nivel de todos los países miembros elaborando los lineamientos de cooperación para los siguientes años. Pero lo que te decía antes no es en una sola dirección. Realmente a mí me apasiona este tipo de modalidad de trabajo. Cada vez que empieza una reunión llegan personas (entre ellos yo) con ideas más bien fuertes que van a mostrar, y se van siendo otros en algún sentido, con nuevos interrogantes, planteos o ideas. Se aprende muchísimo. Y por supuesto, también yo.