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Entrevista a Eduardo Lalo | Congreso Internacional “El Caribe en sus Literaturas y Culturas. En el centenario del nacimiento de José Lezama Lima”

Entrevista a Eduardo Lalo

“La literatura es una exploración de la condición humana”

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"Si un libro necesita un glosario para poder entenderse, entonces es mala literatura", dice Lalo.

El escritor y artista puertorriqueño, autor de “Los pies de San Juan”, “La isla silente” y “La inutilidad”, habla sobre las particularidades de su obra. Además, en su visita a Córdoba presentó el cortometraje “La ciudad perdida”, un viaje por la capital de su país en el que documenta y reflexiona sobre su transformación.

A través de la mirada de Eduardo Lalo el Caribe adquiere otra fisonomía. Ya no es aquel que vende CNN en sus publicidades de cruceros, que atraviesan las aguas transparentes y hoteles de cinco estrellas. En su obra se puede ver la ropa colgando de las ventanas y los personajes invisibles. “Las imágenes del Caribe son determinadas por un discurso de poder. Entonces, lo que trato de hacer es reivindicar la condición humana de mi sociedad, que tiene el mismo espesor, el mismo registro que la de un griego de la antigüedad o la de un francés. No somos menos complejos por vivir en un país invisible, como digo en uno de mis libros”, señala.

En “Los pies de San Juan”, Lalo redefine los espacios de la ciudad. La capital de Puerto Rico adquiere nuevos puntos de encuentro y visión. Allí narra la experiencia de vivir en una ciudad maltratada por la historia y el desarrollismo. Algo parecido hace en su video “La ciudad perdida”, un corto en blanco y negro de 40 minutos realizado en 2005, que presentó el primero de septiembre en el Cineclub Municipal “Hugo del Carril”.

Pero hoy San Juan queda demasiado lejos. Una llovizna y un frío inusual para septiembre azotan a Córdoba. Eduardo dice que no le molestan. Si justo antes de partir un huracán podía pasar por las costas de Puerto Rico. Qué puede hacer un poco de llovizna y frío.

- ¿Qué lugar ocupa la ciudad de San Juan en tu obra?

- Mi trabajo está centrado en un espacio, sobre todo en una ciudad, que es San Juan, la capital de Puerto Rico, pero mis libros se enfrentan a occidente, a cosas que rebasan por mucho la realidad geográfica, física y cultural de mi país.

- Sin embargo, hay una tendencia a mostrar que más allá del “Caribe turístico” hay un “Caribe real” que se desborda y no se puede invisibilizar…

- Que no me quieran ver, porque hay una invisibilidad o un filtro que ya establece que un puertorriqueño no puede pensar es la misma mácula que hemos tenido todos en América Latina y en tres cuartas partes del mundo. Pero claro, en casos como Argentina y en otras grandes literaturas de América ya hay una tradición, un cierto aprecio, premios y una visibilidad cultural que permite que una obra se difunda y se conozca. En países pequeños, y Puerto Rico no es el extremo, es mucho más difícil.

Yo estoy hablando de Puerto Rico, pero la invisibilidad no se limita a eso. Porque Córdoba frente a Buenos Aires queda invisibilizada. No es lo mismo ser un escritor en Córdoba que en Buenos Aires. Pero no todos se pueden ir y alguien se va a quedar en Córdoba a hacer cosas y eso es un espacio de visión. Esos gestos son de suma importancia. En ese sentido, los pequeños países o las pequeñas ciudades son tan espacios de creación como cualquiera.

- ¿Qué pasa con los que se quedan?

- En la historia de la literatura del siglo XX hubo un personaje casi protagónico que es el exilado, pero que ahora hay otro héroe u otro protagonista que es el que yo llamo el “quedado”. El que se queda. En este mundo globalizado en el que hay tanta migración hay gente que se queda, en circunstancias empobrecidas, de ruindad a veces, pero que no quiere o no puede irse. No necesariamente no irse es quedarse cómodo, a veces es lo contrario. Pero es un nuevo personaje.

- ¿Cuál es la situación de la literatura hoy en tu país? Seguramente, al ser un país con mucha influencia, política y cultural, de los Estados Unidos hay tensiones entre la literatura estadounidense y la latinoamericana y eso la ayuda a desarrollar otras características.

- Puerto Rico es un caso singular políticamente. En gran parte del siglo XX, los escritores, los artistas, los intelectuales puertorriqueños tuvieron que aferrarse a ciertas ideas de la hispanidad o de la latinoamericanidad como un mecanismo de defensa. La cultura de Puerto Rico siempre está amenazada. Eso mismo está pasando ahora con el gobierno actual, de corte extra radicalmente neoliberal, muy pro norteamericano, muy conservador, muy de derecha, y eso, pues, amenaza y afecta la cultura. Sin embargo, creo que eso tuvo un gran peso sobre la escritura puertorriqueña, porque había no sólo una intención literaria sino también de resistencia. Y eso muchas veces crea buena literatura. Aunque hubo grandes obras y escritores en todas las épocas. Sobre todo se desarrolló una tradición poética muy poderosa, no tanto así en la narrativa. Pero yo creo que de un tiempo a esta parte esa condición política se ha fosilizado y hace muy difícil, por lo menos en el futuro inmediato, alterar la condición política nefasta que tiene Puerto Rico.

- ¿Cómo abordas esa situación en rol de escritor?

- No lo abordo como una maldición, sino como una circunstancia más de la realidad con la que tengo que bregar que, muchas veces, no se diferencia de la realidad de muchísimas repúblicas de América Latina y de otras partes. Claro que hay diferencias y hasta algunas que para nosotros serían envidiables, pero se repiten las tendencias que tienen muchas sociedades, como las crisis económicas. Por lo tanto utilizo la situación puertorriqueña para explorar eso y puede ser pertinente para lectores de otras latitudes.

- ¿Se podría decir que la literatura caribeña tiene ciertas particularidades que la distinguen de otros tipos?

- Creo que no hay tal cosa como una identidad dura del Caribe, ni en lo puramente antropológico ni tampoco en lo literario. Un escritor del Caribe es el mismo que cualquier parte de América Latina o del mundo. No estamos aislados.

- ¿Tampoco en la elección de ciertos temas para escribir?

- Yo no lo vería así. Hay unos tipismos como en cualquier otra región, pero ese tipo de literatura es muy provinciana y tiende a ser una literatura de poco interés fuera de sus practicantes. La literatura en el Caribe, o en cualquier sitio, como yo la entiendo, es una exploración de la condición humana. Entonces, por eso puede apelar a diversos públicos. Si un libro necesitara un glosario para poder entenderse, entonces es mala literatura. Creo que el concepto de identidad tiene un valor, que no es el que a mí me gusta usar. Pero si por identidad se entiende que hay una especie de esencia que separa los latinoamericanos de los otros no latinoamericanos, eso me parece un absurdo. Sin embargo, evidentemente, uno es de un sitio, a uno le duele más un sitio que otro, puede entender un sitio más que otro. Creo que la identidad permite espacios de intercambio, pero no necesariamente que sea tu vecino hace a alguien con quien tú puedas tener ese espacio de identidad.

- En los últimos años, los artistas de Puerto Rico tienden más trabajar sobre lo latinoamericano, cuando hasta hace unas décadas la vía de escape eran los Estados Unidos. ¿En la literatura pasa lo mismo?

- La literatura hasta el presente va en otro carril. Las referencias de los escritores no eran de los Estados Unidos, por una cuestión de lengua.

- En tu caso, ¿cuáles fueron las principales influencias de escritores latinoamericanos y, principalmente, argentinos?

- La literatura argentina para mí es una de las grandes literaturas de América Latina, junto con la cubana. Son las literaturas nacionales más sólidas, aunque sea un concepto muy cuestionable y sea otra discusión. Los grandes escritores argentinos se conocen en Puerto Rico: Borges, Sábato, Cortazar, Haroldo Conti. Un lector culto conoce a esa gente.

- De hecho, en uno de tus libros usas una cita de Saer…

- Sí, es en mi primer libro. Esa novela la compré en una librería de San Juan, porque llegan muchísimos libros de Argentina. De hecho, hay un cuento mío que es de alguna manera un homenaje a los argentinos. Se llama Puerto Diablo y está dedicado a un librero que se exilió durante la dictadura y tenía en San Juan una librería que era un laberinto. Pasé muchos años de mi juventud allí.

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