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Entrevista a Julio Ramos | Congreso Internacional “El Caribe en sus Literaturas y Culturas. En el centenario del nacimiento de José Lezama Lima”

Entrevista a Julio Ramos

“El latinoamericanismo es una zona de mediación”

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En sus clases de la Universidad de California, Borges era "fundamental".

El profesor emérito de la Universidad de California estuvo en el panel de apertura del Congreso Internacional “El Caribe en sus Literaturas y Culturas. En el centenario del nacimiento de José Lezama Lima” y dio un seminario de Posgrado en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC sobre las ficciones culturales del latinoamericanismo. “Pensarlo no sólo como narrativa nos permite discutir esos actos de la imaginación que son fundamentales para los discursos políticos”, afirma. También habla sobre sus años de enseñanza de literatura latinoamericana en los Estados Unidos.

“Recuerdo mucho esos años californianos”, dice Julio Ramos con un dejo de nostalgia en su voz. Es que durante casi 20 años fue profesor de literatura latinoamericana de los siglos XIX y XX en el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de California, en Berkeley. Allí se jubiló en 2009 y fue nombrado profesor emérito.

“Había mucho interés en las clases. California, en ese sentido, es una zona de frontera. No sólo por su relación histórica con México, sino porque es una zona muy impactada por las migraciones de Asia o de América Central. Creo que el estudio de la literatura en la Universidad de California posibilitaba un lugar para el aprendizaje de la lengua: el español, que ya no es una lengua extranjera allí. Es una paradoja del imperio. El español es una lengua global, entonces la literatura cumple un papel muy importante en esto, porque cumple un papel formativo que posibilita una reflexión histórica sobre la experiencia migratoria y su relación con los legados nacionales. Eso le da un contexto al estudio muy interesante porque posibilita nuevas lecturas”, repasa Ramos sobre sus años de enseñanza en esa Universidad.

– ¿Cómo eran esas clases?

– En aquellas clases la lectura de Borges era fundamental, no sólo se estudiaban autores como (Juan) Rulfo o Tomás Rivera, uno de los primeros grandes escritores chicanos. En Borges se ve la crítica de las categorías de identidad y su investigación tan meticulosa de cómo el poder se nutre categorías de identidad. Esas lecturas ofrecían lecciones a algunos de los estudiantes activistas en las políticas identitarias que, me parece, todavía recuerdan. Eso en California era abrir la posibilidad a un dialogo que para mí fue muy rico.

Ramos nació en la ciudad de San Juan, Puerto Rico, en 1957. Desde la década del 70 vive en los Estados Unidos, donde realizó todos sus estudios universitarios. En 1985 se doctoró en la Universidad de Princenton y en 1994 obtuvo el premio de Excelencia en la Enseñanza por la Phi Beta Kappa, una prestigiosa sociedad de honor académica de estudiantes universitarios y graduados, fundada en 1776, cuyo objetivo es promover la excelencia en las artes y las ciencias.

Entre sus libros publicados se encuentran “Desencuentros de la modernidad en América Latina: literatura y política en el Siglo XIX”, “Paradojas de la letra” y “Por si nos da el tiempo”. Sus publicaciones científicas abarcan diversos asuntos, como la relación entre literatura y justicia, los orígenes del americanismo latino, el lenguaje y la ciudadanía, y las obras de José Martí, Tato Laviera, Andrés Bello o Luisa Capetillo.

En Córdoba, además de participar en el panel de apertura del congreso “El Caribe en sus Literaturas y Culturas. En el centenario del nacimiento de José Lezama Lima”, Ramos dictó el seminario de Posgrado “Ficciones culturales del latinoamericanismo”, durante los días 6 y 10 de septiembre.

El seminario trabajó sobre la emergencia y las vicisitudes de varios modelos de interpretación del lugar de las culturas latinoamericanas -particularmente caribeñas- en el mundo. “El latinoamericanismo, en tanto archivo, presupone muchas veces una relación entre los discursos que se producen sobre América Latina y la política. Pensar que los discursos latinoamericanistas son ficciones culturales implica una posición un poco irónica de nuestra parte, pero esto no quiere decir que sean discursos falsos, sino que responden a actos de la imaginación o a modos de organizar las representaciones. También responden a intereses políticos que ponen en juego la imaginación misma. La política, en ese sentido, no se opone a la ficción, sino que nos permite también pensar desde el otro lado el modo en que la ficción se ha relacionado con los contenidos del discurso político. Pensar el latinoamericanismo, no sólo como novela ni narrativa, nos permite discutir esos actos de la imaginación que son tan fundamentales para los discursos políticos”, explica.

– Usted dice que estos modelos de interpretación remiten, frecuentemente, en sus orígenes al itinerario de un viaje. ¿Es esta una característica de la literatura latinoamericana?

– Primero, creo que es difícil encontrar un centro homogéneo para una categoría tan amplia. En contraste con las nociones de las literaturas nacionales, por ejemplo, la categoría de América Latina implica relaciones transnacionales, procesos de intercambio y de dialogo entre las tradiciones nacionales. El latinoamericanismo se trata entonces de una zona de mediación, un lugar que continuamente abre las zonas del intercambio. Si bien compartimos la tradición de una lengua escrita, esa zona de mediación muchas veces se inicia a partir de un viaje. Pareciera que ese es uno de los grandes temas del latinoamericanismo. ¿Cómo se viaja?, ¿cuáles son las relaciones entre el punto de partida y el destino del viaje?, ¿qué tipo de diálogos se establecen en la trayectoria del viaje? Entonces, pareciera que el latinoamericanismo es una zona donde se piensan modos de unificar y de establecer puentes.

– ¿El exilio puede ser otra característica? Hay muchos autores que escriben a partir de esta situación…

– Sí, incluso tal vez uno podría pensar que es desde afuera que se piensa a América Latina como una unidad y, efectivamente, ha sido desde diversos exilios, tanto en Europa como en los Estados Unidos, desde donde se han producido grandes discursos latinoamericanistas. Es el caso, por ejemplo, de los clásicos ensayos de José Martí sobre “Nuestra América”. Esos ensayos los escribe en Nueva York a comienzos de la década de 1890. Entonces, efectivamente, hay una paradoja en estos discursos que intentan encontrar el denominador común en tantas experiencias múltiples. El exilio pareciera motivar y a la vez hacer posible, pero desde afuera, un llamado a la unidad transnacional. Para resumir la paradoja, las obras americanas de Bello, e incluso los inicios de su pensamiento lingüístico, los elabora desde Londres, donde se encontraba exiliado.

– En este sentido, ¿cómo ve a la literatura caribeña? Por el lugar en el mapa el Caribe debe haber muchísimos cruces con los Estados Unidos y la Latinoamérica continental.

– Es muy interesante ese tema. Algo que le da mucho sentido a los congresos como el que se organizó acá es pensar América Latina y el Caribe no como zonas ya definidas, sino como áreas de trabajo en permanente evolución que, de algún modo, nos demandan un tipo de pensamiento de la multiplicidad. Y el caso del Caribe es ejemplar en ese sentido, por las historias múltiples, tanto en el sentido lingüístico como cultural y político, que se reúnen en la zona. El Caribe no es sólo el hispánico. Me parece que el caso de Puerto Rico, dentro de la discusión caribeña, es un caso particular por su relación con los Estados Unidos. Si uno piensa que la condición de un estado independiente es lo que hace posible una literatura nacional, entonces la literatura puertorriqueña, en ese sentido, se ha organizado como un campo que tiene características nacionales. Esas características tienen que ver con la lengua, con un relato paralelo.

– Con Eduardo Lalo hablábamos de que hoy muchos escritores tienden a mostrar un “Caribe real”, más allá del turístico que venden las agencias de viaje. ¿Usted lo ve así?

– El turismo es un fenómeno muy importante, no sólo como punto de referencia polémico de muchas representaciones, sino también como un modo de organizar las experiencias y los diálogos entre países. En el Caribe, desde la revolución en el transporte, se han establecido las condiciones para otro tipo de intercambio entre poblaciones y culturas. No siempre fue un punto de referencia negativo para la literatura. Hay una relación muy compleja, sobre todo en el Caribe, entre la literatura y el turismo. Sólo puedes pensar la poesía que escribe Nicolás Guillén, a partir de “West Indies, Ltd.”, sobre el turismo y pensar que la literatura, la poesía en su caso, es una especie de defensa de valores auténticos contra el exotismo. Pero hay algo también en esa mezcolanza que va generando la mundialización por el lado de los viajes y el turismo que fueron claves para la literatura, en un sentido complejo también. Es cierto que algunos trabajos de Eduardo Lalo sobre Puerto Rico operan a contrapelo de la imagen consumible, pero también es un modo de ingreso de capital fundamental para muchos de estos países. Sin embargo, los patrones de consumo cultural son tan complejos que a veces el Puerto Rico real también es materia exótica.

Huelga estudiantil

– Hace poco tiempo hubo una huelga estudiantil en su país que fue apoyada por varios artistas y algunos académicos puertorriqueños residentes en los Estados Unidos también se solidarizaron con los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico. Usted fue uno de ellos. ¿Por qué lo hizo?

– La huelga para esta generación marca una división de aguas. La seguí a través de medios que los propios alumnos elaboraron y estuve unos días en Puerto Rico. Ciertos modos históricos de concebir el trabajo universitario han llegado hoy a un límite, que en parte explica la crisis profunda de cierta noción de la universidad pública, que es lo que genera la huelga en Puerto Rico. No sólo es una huelga por la matrícula, sino que es por el modo en que el gobierno, para algunos alumnos, traiciona la misión histórica que había definido el proyecto universitario, que era formar ciudadanos. Es una forma de resistir el modelo empresarial, la privatización de la universidad pública. Fue una experiencia muy importante.

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